Hijas del Agua

Diciembre 9 2021 - Abril 17 20221

ARTISTAS: Ruven Afanador y Ana González.

CURADURÍA: Ana González.

«Esta exposición celebra los orígenes míticos. Cada obra de arte constituye una plegaria. Juntas, despiertan hilos místicos de las memorias que se remontan al amanecer de la creación, a un momento cósmico en que las mujeres y el agua, como una sola fuerza generadora daban vida y fertilidad a un mundo caótico y desolado. Del mito surgieron el orden moral y la cortesía, las conductas apropiadas, lecciones de vida de los dioses.

Al principio según los Hermanos Mayores, todo era agua y oscuridad. No había tierra, ni sol, ni luna, ni nada vivo. El agua era la Madre Creadora. Era la mente dentro de la naturaleza, la fuente de todas las posibilidades. Era la vida naciendo, el vacío y el pensamiento puro.

En el primer amanecer, la Mama Grande comenzó a hilar sus pensamientos. Depositó un huevo en el vacío y el huevo se convirtió en el universo. El universo tenía nueve capas: cuatro del mundo inferior y cuatro del superior, y el mundo central de los seres humanos como plano de contacto.

La Mama Grande se fertilizó a sí misma y dio a luz a Sintana, un jaguar de cara negra, el prototipo del ser humano. En el primer amanecer, el universo todavía era blando. La Mama Grande lo estabilizó clavando su enorme huso en el centro, ensartando las nueve capas de en el eje del mundo. Los Señores del Universo, nacidos de la Mama Grande, hicieron retroceder el mar e irguieron la Sierra Nevada en torno al eje del mundo. Entonces la Mama Grande desenrolló una hebra de algodón en su huso y con ella trazó un círculo alrededor de las montañas, circunscribiendo así la Sierra Nevada de Santa Marta, que declaró ser la tierra de sus hijos.

De esta manera el huso se convirtió en un modelo del cosmos. El disco es la tierra. La hilaza es el territorio de la gente y las hebras individuales de algodón devanado son los pensamientos del sol. El cono de hilo blanco representa las cuatro capas del mundo superior, pero debajo del disco el algodón es negro e invisible. El sol, al moverse alrededor de la tierra, devana el hilo de la vida y lo recoge en torno al eje del cosmos, las montañas de la Sierra Nevada, la tierra natal de los arhuacos, los koguis y los wiwas.

Hasta el día de hoy, los pueblos de la Sierra siguen fieles a sus leyes ancestrales -los mandatos morales, ecológicos y espirituales de Mama Grande- y todavía es un sacerdocio ritual de mamos lo que los guía e inspira. Creen y reconocen abiertamente que son los guardianes del mundo, que sus rituales conservan el equilibrio y la fertilidad de la vida. Son plenamente conscientes de sus antepasados comunes, los taironas libraron una guerra fiera pero fútil contra los invasores en 1591. En su reducto montañoso, aislados de la historia durante al menos tres siglos, optaron deliberadamente por transformar su civilización en una cultura consagrada a la paz¨.

Wade Davis.

Texto extraído del libro ‘Hijas del Agua’ 2020.

Relacionados